Con “Big Fish” el cine norteamericano nos mostraba una vez más la amalgama creadora del cine industrial y el “de autor”. Ese año llegó al mismo tiempo a nuestras playas “Mystic River”, “Lost in translation” (aquí: Perdidos en Tokio) y por supuesto “Big Fish”. Todas con las marcas de sus directores. “Big Fish” fue protagonizada por Ewan McGregor (el joven Bloom), Albert Finney (Bloom anciano), Billy Crudup, Danny De Vito, Helena Bonham Carter y Jessica Lange y se basa en una novela de Daniel Wallace, quien colaboró junto con John August para redactar el guión. Su director fue Tim Burton.

Timothy William Burton nació en 1958 en California. Dibujante, escritor y artista plástico, Burton comenzó su carrera en la Disney. Su primer película como director fue el cortometraje “Vincent”. El guión narrado por Vincent Price estaba escrito en rimas que rinden homenaje a Poe y contaba la historia de un niño que, como Burton, admiraba al escritor.

Su filmografía recorre “Pee-Wee´s Big Adventure”(1985), “Beetlejuice” (1988), “Batman” (1989) y “Batman regresa” (1992), y más tarde “El joven manos de tijera” (1991) “El extraño mundo de Jack” (1993) “Ed Wood” (1994) “Marte Ataca” y “El Planeta de los Simios”. Durante la filmación de ésta última Burton conoció a la actriz Bonham Carter, con quien se casó y más adelante la incluyó en el elenco de “Big Fish”. En esa época, el año 2003, el padre de Burton murió y él tuvo su primer hijo con Carter. La muerte de su padre y su propia paternidad no parecen temas ajenos al de la película.

Se ha dicho que Big Fish rinde homenaje al padre de Burton pero también a su amor por Helena Bonham Carter y se los ve a ambos reflejados en los personajes de Victor y Emily.

La película, que recibió solo una nominación para los Oscar por mejor banda de sonido, cuenta la historia de Edward Bloom, un hombre que relataba su vida añadiéndole características fantásticas e increíbles, y es por ese tipo de exageraciones que su hijo Will se alejó de él.

La historia es contada con el uso de flashback, mostrando las aventuras que relataba Bloom, pasando por muchos personajes y situaciones, como la bruja, el gigante, las siamesas y otros. Podríamos decir que es una historia de relatos, en el relato del reencuentro de un hijo con su padre se entremezclan relatos. El personaje de Edward Bloom, el padre, está desdoblado en dos tiempos: su infancia-juventud y elfinal de su vida. La muerte es el horizonte del film, como lo es de la vida. Comienza ubicándonos a Edward Bloom: pescador y vendedor. Los pescadores y los vendedores son cuenteros, mentirosos, o al menos exagerados; exageran el tamaño del pez que pescaron y las virtudes del producto que venden. Edward Bloom era tan exagerado en esta cualidad que su hijo no sabía realmente como era en verdad su padre. Los rodeos retóricos del reencuentro de ambos, cuando uno –el padre- está por morir y el otro -el hijo- a su vez está por devenir padre, es la historia del film.

Quiero detenerme en un detalle que aparentemente pasó inadvertido. Sin haber leído la novela original de Wallace ni tener noticia si fue su intención cierto paralelismo, se puede señalar que hay otra historia clásica del extravío y reencuentro de padre e hijo, que recorre como sub-texto el film: el héroe homérico Ulises y su hijo Telémaco.

Podríamos decir que hay una odisea del nombre del padre. La función del significante del Nombre del Padre articula la interdicción del incesto con la castración, dando una significación fálica al deseo de la madre. En la metáfora paterna el padre y la madre son significantes. Del lado del padre tenemos el nombre, del lado de la madre está el deseo. Con la metáfora paterna, el Nombre del Padre introduce la significación fálica en el lugar del Otro y de esta manera se localiza el goce. El significante del Nombre del Padre da un sentido al goce: es fálico.

Pero hay un resto irreducible a la simbolización del Nombre del Padre: el objeto “a”. Aunque le resulte imposible simbolizar todo el goce el padre igual merece ese nombre si puede dar una versión del objeto “a”. Capaz de orientar su deseo hacia el objeto en tanto causa, haría de una mujer objeto causa de su deseo.

En la “Odisea” un capítulo se conoce como Nausícaa. Odyseo, extraviado, como cualquiera de nosotros, abandonado en una playa desconocida, es bien recibido por la hija del rey de los feacios, Alcinoo, quien inspirada por Atenea soñó una noche que debe ir al río a lavar su ropa. Así lo hace a la mañana siguiente encontrando a Ulises dormido en la playa ya que su barco ha naufragado al regresar de la isla Calipso y todos sus compañeros han muerto. Nausícaa lo provee de ropas y le enseña el camino hacia el palacio de su padre. Alcinoo lo recibe con los honores de un héroe y esa noche, luego del banquete, Ulises cuenta a los feacios sus aventuras en el mar. Sin Nausícaa y su hospitalidad el relato no hubiera sido posible.

Edward Bloom se encontró con su Nausícaa en la noche en una playa del río de Spectra, ese mágico pueblo al que llega por un camino perdido. Pero la mujer desnuda que descubre en las aguas y lo seduce, como Nausícaa a la vera de las aguas seduce a Ulises, resultó ser un pez. La verdadera mujer es la niña que lo esperará como mujer adulta. Y si miramos bien descubriremos que su rostro se parece al de la bruja que mostrándole su muerte le hace ganar la vida. [1]

En la literatura también hubo otra Nausícaa para otro Ulises. Fue quien guió a Joyce al escribir sobre el encuentro entre Leopoldo Bloom y Gerty MacDowell, personajes de su novela, en el atardecer del 16 de junio de 1904 en la playa rocosa de la bahía de Sandymount, en las afueras de Dublín. Capítulo que alertó a la censura norteamericana y puso en cuestión lo publicable, denunciado, censurado, pero finalmente publicado.

En contra del explícito consejo de Borges, consejo dado muchos años después de la edición del “Ulises” justamente en razón de esta obra, la célebre novela de Joyce se ha vinculado con otra, con “La Odisea”. Por ello se nombran sus capítulos con relación al texto del poeta griego. Claro que hay en esto cierta ironía, parodia o sátira. Parodia le sienta bien, por las dos voces que entonces se escuchan, pero también se escuchan muchas más. Y sátira. “En la sátira -escribió Italo Calvino- hay un elemento de moralismo y un elemento de burla. Yo desearía que ambos elementos me fueran ajenos, sobre todo porque no los estimo en los demás". En Joyce tal vez sea difícil determinar si tiene más peso la burla o la crítica moral.

El personaje central de “Ulises” de Joyce es Leopold Bloom, el de Big Fish es Edward Bloom [2]. Digamos que entre ambos encuentro cierta familiaridad. No en el estilo del relato, pero comparten cierta estirpe. Incluso alguien le dice al joven Edward: “Bloom, como flor, florecimiento” y ese es un tema joyceano, luego él inundará de narcisos la calle en la que vive su amada.

En esta versión por momentos quijotesca, otras veces surrealista y finalmente fantástica de Tim Burton, hay otras analogías con el personaje homérico y con el joyceano. La aparición del cíclope, más amistoso en la versión de Burton, la bruja Circe, que termina ayudándolo, el soldado extraviado en la guerra, sólo 4 meses y no 20 años en el caso de Edward Bloom a diferencia del héroe griego, y otros. Pero la principal parece ser la idea del viaje como travesía. Un largo viaje, de años según Homero, de un día según Joyce, para el reencuentro de padre e hijo. La vida misma como relato y travesía. O el relato como vida.

También es la travesía de un día hacia la noche, hacia la muerte en el caso de Edward, para transformarse en un relato, cuando a él se le terminaron los propios, los que solía contar.

Edward no tiene relato para su propia muerte. “¿Cómo será la partida?” le pregunta agonizante a su hijo William. Y es William quien construye un texto. En ese cuento Edward será el Gran Pez que vuelve a las aguas, como la corriente de la vida, que continúa la secuencia de las generaciones. Como la corriente de las lenguas, que continúan los relatos.

Y dice William que Edward entrando en esa corriente, en el relato de los otros que lo perduran, gana así la inmortalidad.

Es sólo una metáfora, lo que no es poca cosa.


[*] Una versión más breve fue publicada originalmente en Internet en el Nº 61 de la revista electrónica Psyche-Navegante, en abril del 2004.

[1] Un detalle, es la ya mencionada Helena Bonham Carter, la esposa del director, quien personifica tanto a la bruja como a aquella niña de Spectra cuando ya es adulta.

[2] Por otra parte, como hay otro Bloom en la literatura también hay otros Edward en la filmografía de Burton: la historia del fracasado maestro del cine bizarro en “Ed Woods” y también se llamaba Edward el personaje central en “Muchacho manos de tijera”.
Crítica de Sikeba.com